
Bienes gananciales
Preso, en mitad de la acera. Un animal domado. A los lados, dos maletas encadenadas. Fue una madrugada, con prisa y sin testigos. Ropa doblada, dos pasaportes, dos billetes: un destino. El plan… sencillo; huir juntos. Uno dudó. El otro no. Forma elegante de traicionar. Ataron sus recuerdos con cadenas. Para que nadie robara nada, para impedir perder su mitad. Al amanecer, el banco seguía allí. Las maletas también. Ellos no. Olvidaron el equipaje que dejaron atrás.
Vuelven cada mes.
Para odiarse. Por necesidad.
Porque hay amores que no sobreviven. Solo se negocian.
Agneta Quill




